Nuestros hijos pasan muchas horas aprendiendo matemáticas, ciencias, idiomas y un montón de contenidos importantes. Sin embargo, existen otras lecciones que no siempre aparecen en los libros y que también serán esenciales para su vida.
No se trata de exigirles que sepan hacerlo todo ni de convertirlos en adultos antes de tiempo. Se trata de enseñarles, poco a poco y de acuerdo con su edad, a ser más independientes, responsables, seguros y considerados con los demás.
Como madre, creo que estas pequeñas habilidades pueden darles herramientas para desenvolverse mejor en el mundo. Muchas se aprenden en casa, observándonos, practicando y, por supuesto, equivocándose.
Estas son 50 cosas que todo niño debería comenzar a aprender antes de cumplir 10 años.
Puede ser un sándwich, una ensalada de frutas, un cereal o una merienda fría. Lo importante es que aprenda a alimentarse de forma sencilla y segura cuando lo necesite.
Parece algo pequeño, pero fomenta la independencia y el cuidado de los recursos.
Los niños pueden colaborar colocando los platos, vasos y cubiertos, y ayudando a recoger cuando todos terminan.
No tiene que hacerlo perfectamente. La intención es que comprenda que todos somos responsables de lo que usamos.
Tender la cama, guardar los juguetes y colocar la ropa en su lugar son hábitos que se construyen con práctica.
Debe aprender a revisar su horario, guardar sus materiales y comprobar que lleva las tareas y los útiles necesarios.
Elegir y organizar la ropa con anticipación ayuda a evitar las prisas de la mañana.
Los juguetes, libros, uniformes y materiales escolares cuestan dinero y esfuerzo. Enseñarle a valorarlos es una gran lección.
Puede comenzar con medias, camisetas o toallas pequeñas. No tienen que quedar perfectas.
Aprender dónde colocar la ropa usada es una responsabilidad sencilla que puede asumir desde pequeño.
Participar en las tareas del hogar le enseña que la casa es responsabilidad de todos los que viven en ella.
Regarla y observar su crecimiento le permite desarrollar constancia, paciencia y respeto por la naturaleza.
Puede ayudar a colocarle agua, servirle la comida, cepillarla o acompañarla durante sus paseos, siempre con supervisión.
Si recibe una mesada o algún regalo, puede aprender a guardar una parte para una meta especial.
Los niños necesitan saber que no podemos comprar todo lo que queremos y que muchas veces debemos elegir.
Necesitamos alimentos, ropa y medicamentos. Podemos desear un juguete nuevo. Comprender la diferencia le ayudará a tomar mejores decisiones.
Cuando tengan edad suficiente, podemos mostrarles que un mismo producto puede tener diferentes precios y cantidades.
Agradecer un regalo, una ayuda o un gesto amable nunca pasa de moda.
Las buenas maneras no deben aparecer únicamente cuando hay visitas. Se practican todos los días y con todas las personas.
Además de demostrar respeto, le ayuda a prestar atención y comprender mejor lo que le están diciendo.
Debe saber que pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es una manera inteligente de protegerse y resolver una situación.
Los niños deben saber que pueden establecer límites, incluso frente a otros niños o adultos.
Acercarse a una calle, hablar con desconocidos, tocar una estufa o compartir información personal por internet puede tener consecuencias.
Antes de los 10 años debería conocer su nombre completo, los nombres de sus padres, su dirección y al menos un número telefónico de emergencia.
Debe permanecer en un lugar visible, buscar a un policía, empleado o una familia con niños y nunca salir del establecimiento con un desconocido.
Es importante enseñarle cuál es el número de emergencias de su país, cuándo debe utilizarlo y qué información debe ofrecer.
Puede aprender a limpiar una herida pequeña, colocar una curita, pedir ayuda ante una caída y no tocar sangre sin protección.
Debe saber que no tiene que esconderse, que debe salir del lugar, avisar a un adulto y nunca regresar a buscar objetos.
Mirar hacia ambos lados, utilizar los cruces peatonales y caminar por la acera son hábitos que pueden salvarle la vida.
Presentarse con claridad fortalece su confianza y le ayuda a desenvolverse en diferentes ambientes.
Una carta de agradecimiento, una felicitación o una nota para alguien querido le enseña a expresar sus sentimientos con palabras.
Puede aprender a saludar, identificarse, preguntar por una persona y despedirse con educación.
Escuchar sin interrumpir, esperar su turno y responder con amabilidad son habilidades necesarias durante toda la vida.
Una disculpa no consiste solamente en decir “perdón”. También implica reconocer lo ocurrido, intentar repararlo y procurar no repetirlo.
Puede perdonar y, al mismo tiempo, mantener límites si una situación le hizo daño.
No siempre ganará un juego, una competencia o un reconocimiento. Aprender a perder con respeto fortalece su carácter.
Celebrar está bien, pero burlarse de quien perdió no lo está. La verdadera seguridad no necesita hacer sentir mal a otros.
Antes de gritar, golpear o acusar, puede intentar explicar qué sucedió y cómo se siente.
Debe aprender que puede sentirse triste, molesto, asustado, celoso o frustrado, y que todas esas emociones pueden expresarse sin lastimar.
Respirar, contar hasta diez, tomar agua o alejarse unos minutos puede evitar que una emoción intensa termine en una mala decisión.
No todas las personas se ven, piensan, hablan, aprenden o viven de la misma manera. Esa diversidad merece respeto.
Invitar a jugar a quien está solo o integrar a un compañero nuevo puede cambiarle el día a otra persona.
Debe comprender que las burlas constantes, amenazas, golpes o exclusiones no son un juego y que siempre debe contárselo a un adulto.
Nunca debe compartir su dirección, contraseña, escuela, fotografías privadas o ubicación sin permiso de sus padres.
Las fotografías pueden estar editadas, los videos pueden manipularse y algunas personas pueden fingir ser quienes no son.
Cerrar el grifo, apagar las luces, reutilizar materiales y no lanzar basura son acciones pequeñas que sí hacen una diferencia.
Aprender a distinguir entre papel, plástico, vidrio y desechos orgánicos crea conciencia desde la infancia.
No todo en la vida será divertido. Algunas responsabilidades simplemente deben cumplirse, y eso también se aprende.
Un error no significa que no puede hacerlo. Significa que todavía está aprendiendo y que puede volver a intentarlo de otra manera.
Por encima de todas las habilidades, nuestros hijos necesitan tener la certeza de que pueden contarnos lo que les pasa. Incluso cuando se equivoquen, deben saber que encontrarán orientación, límites, escucha y amor.
No es necesario enseñar estas 50 cosas en una semana ni convertirlas en una lista de presión. Podemos escoger una habilidad, practicarla juntos y permitir que nuestros hijos vayan ganando independencia a su propio ritmo.
Muchas veces, por amor, hacemos demasiado por ellos. Les organizamos la mochila, recogemos su habitación, hablamos en su lugar y resolvemos cada dificultad antes de que puedan intentarlo. Pero también es una forma de amor darles espacio para aprender.
Quizás no recuerden todas las tareas escolares que hicieron antes de los 10 años, pero sí llevarán consigo la confianza de saber cuidarse, pedir ayuda, respetar a los demás y enfrentar los pequeños desafíos de la vida.
Con cariño,
Carolina